lunes, 25 de abril de 2016

Jaguar

Un cuerpo rueda en el monte garrado por mil zarpazos.          
Ocelotl lo ha atrapado, sólo espera a la lluvia y al viento.
La daga está afilada, y la cabeza en su sitio:
la sangre circula y baña la tierra.

El maíz baila en forma de arado,
la tierra ya no es árida ni barro.
El sol brilla, frutos nacen,
el eclipse ha cesado.

Estrépitos de Cuetzpalin, Coatl, Cipactli y Cozcaquauhtli
devoran el tronco del muerto.
¡Monte! Verde como el beso de ayer,
se sacude el piojo.
Tlatelcutlé vuelve a devorar el mundo.

Ocelotl interroga su cabeza,
es hora de sonar los caracoles y cantarle a los muertos,
como ellos lo hicieron a los de allende.

Se escucha un estruendo, desde las raíces del bosque.

Chichas de otrora:
maíz y pejibaye, fermentados.
Gritos, máscaras y colores inundan la tierra emergida
con toda la fuerza, en sus harapos.

Y la noche no acaba hasta que la última cabeza sea cortada.

Ocelotl devora los corazones de los caídos
y se los guarda junto al suyo.
Los árboles siempre los recordaran,
las aves volarán a todos los pueblos, y dirán:

“Viva el cacao derramado, por siempre”.

Marco Garita Mondragón

Cántico toollatiano

Lateralus
Desdoblamiento de los cilindros
rebotando el uno sobre el otro.
Los dos siendo uno en un golpe.
¡Se acelera!
Y me acaba en un golpe continuo del cráneo a mi quijada.
¡Qué reventada de parietal izquierdo!
Destrozado de un lado, con la mandíbula rota,
escalofríos de tanto tormento me hacen una espiral
que absorbe, tal cual agujero negro
Y me susurra…

Forty six and 2
Lluvia de oscuridad,
moscos, en camino del raspador
de pasividad
a un vibrador extremo que te envuelve
y explota
hasta morir.

Third eye
Estas en un viaje continuo,
eres el actor principal del viaje:
¡me están drenando el cerebro!
Y caigo en un sitio agradable
para despertar violentamente.

Marco Garita Mondragón

120 días de sodomía en la UCR

Estaba pensando en la Facultad de Ciencias Económicas,
mientras me tiraba una peli en el canal 42.
Era una versión del Marqués de Sade, con todo y máquinas violadoras,
heces, y mucha, pero mucha sodomía.
Era sobre unos jóvenes que relativizaban todo, a tal punto
que no se sabía si era el instrumento fálico el que penetraba al ano,
o era el ano, en una inspiración divina, que buscaba introducirse en el falo.
Es lo bonito del placer, hay muchos medios para obtenerlo y no voy a criticar
la imaginación del ser humano en la búsqueda de un orgasmo.
Lo cierto es que esos jóvenes gemían y gritaban pidiendo más.
-Métala, métala, no me la saque-
-Oh my god-
Fue en ese momento de oración, donde apareció el mae pelón de Brazzer.
(Aquel mae que aparece en todas las porno).
Pero no era ese mae pelón, más bien se parecía más a Lizano o a Rodríguez,
lo digo porque tenía unos libros de finanzas y economía enrollados
con toda la intención de participar en el juego sexual de los jóvenes.
Y estaba tan excitado que les permitió a los jóvenes sacarle copias a los libros.
-Eso sí, con la condición de meterlos sin lubricante-
Después de los desgarres de ano, los jóvenes se fueron
al Steinvorth, pero estaba cerrado. Entonces jalaron para Luxe
(pasando antes por Rapsodia). Había un evento, incluso invitaron
a unos miembros de Derecho (ya que esos maes son unos expertos
en temas relacionados con la sodomía).
¿Nunca han visto el grosor del Código Civil?
Imaginen el fiestón que se pegaron, con todo y birras, hasta
apareció un litrón de Centenario bien usado.
Lo cierto es que no todos los miembros de estas estimables facultades
les cuadra la vara de la orgía académica.  Uno que otro se enoja con alguien por
metérsela muy duro y entonces jala.
Pero quedan perdidos en la generalidad.
Otro día se toparon con unos maes de Sociales, como esos del PT.
Y éstos, con todo y banderas se abrieron de piernas, en una pose
tan deliciosa como la de cuatro patas.
Y tome chichi, una cogida con rostro humano.
En ese rato, ya me la había masturbado como tres veces.
Hasta me empezó a dar curiosidad por la vara,
y me empecé a meter el dedo en el culo.
Era un poco incómodo, pero con el rato me acostumbré.
Me imaginé la “Economía en el trópico” y los “Fundamentos de Finanzas Corporativas”,
También a Monestel chupándosela a Henning.
-Que sabroso nos cojen a todos-,
Gritaba un joven de la peli.
En ese momento pensé, bueno intente pensar, porque tenía las manos
muy ocupadas.
-El MEP siempre nos cogió bien rico, desde el kínder nos tiene a cuatro patas. Pero ahora
sí nos cogen de una manera tan sabrosa. Hasta siendo “críticos” nos cojen-.
Cuando iba por la palabra cojen, me había regado, imaginen con
que sabor salió ese pensamiento.
Me limpie el esperma en la camisa de la asociación de estudiantes.
Y me empecé a dormir (ya había terminado la peli, sucedió que toda la historia era imaginada
por una anciana que decidió reivindicarse y mandar al carajo la puta moral. De hecho no era una
peli, era un documental de History Channel).
Me empecé a dormir, preparando mi lindo ano,
porque mañana hay clases, y tengo un quiz de valoración del dinero en el tiempo.
Mañana sentiré la penetración académica, sin saber que provoca anemia intelectual.

Marco Garita Mondragón

Le grito libertad a la libertad

Grito libertad con las cadenas de libertad puestas,
Enrolladas en mi cuello de obrero
Que inundan de voz al ecosistema fabril,
Pidiendo un eco.
Grito cuando la fábrica
Le roba lo humano, al ser.
Como si el principal producto de la empresa
Fuera, la porquería humana a granel.
Vuelvo a gritar por cada víctima de la economía:
El desempleado, y la misma
Clase entera, alienada, y aplastada
Por unas monedas de plusvalía.
Grito en contra de la academia.
Devoradora de pasión, arte e imaginación,
Que deja al estudiante tan muerto
Como el libro de texto.
Grito ante el cura
Que pretende meter sus biblias y rosarios
En nuestros sexos y mentes,
Reduciéndolos a castidad y moral.
Le grito al Estado que deje de existir,
Que el político demagogo muera con él.
Que las patrias agonicen
Y  la libertad muera.

Marco Garita Mondragón

Saturno devorándome

Mi faena subyace ante el desabollamiento celestial,
siendo yo madre del cielo  
en un clis de progreso y revolución.

¡Oh Saturno! Me devoras tal cual, cosecha
de hombres en tierra gris.
Estoy sangrando en tus manos
¡Oh padre celestial!

Cada bocado es un ladrillo al éter.
Cada descuartizado es tu abono
desfigurando tu faz divina
¡Oh padre celestial!

El cielo es muy oscuro: quiero infierno
donde no impere mi faena,
siendo tus restos,
 ¡Oh Saturno!
alimento de mi obra.

Mi faena yace ante el abollamiento celestial,
siendo yo madre del infierno
en un clis de progreso y revolución.

¡Oh Saturno! El hombre crea a Dios.
¡Oh Saturno! Dios devora al hombre.
¡Oh Saturno! Dios cae ante el hombre.

Marco Garita Mondragón

Verso al olvido

A
la
ida
tosca,
el páramo
florece en vena.
Ayeres enraizados en loa,
sepultan  la flor, como en una espuma vieja.


Marco Garita Mondragón

Miseria en construcción

Que cansado es ver como se construyen grandes edificios de cien pisos
y ver cómo suben al cielo.
Llegan a tocar las nubes con sus estructuras de acero y concreto
y de vez en cuando se puede ver un obrero martillando, casi volando.

Incluso cientos de personas se reúnen en torno al nuevo edificio en construcción.
No quieren perderse el espectáculo del nuevo símbolo de la ciudad,
y hasta llevan sándwiches y galletas.
Mientras tanto el edificio sigue madurando y creciendo.

Otros se llevan unas pachas de Fandango, un paquete de Derby duro
y unas bolsitas de polvo blanco.
Se apretan y se travesean un buen rato,
luego se van y se echan un par de polvos.

Se le cae una galleta a Carlitos,
y la mamá grita desesperada -cochino, asqueroso-,
cuando la rejunta de la acera y se la mete a la boca.
Lo cierto es que se la saca a punta de coscorrones.

El marido no dejaba de criticar a los jóvenes con una sarna de moral.
Lo cierto es que tenía unas ganas de llevar a una muchacha
a las entrañas del edificio en construcción y ¡zaz!.
Ni cuenta se daba de los martillazos del cielo.

El Jhonny Araya se tiraba un pedo, cuando su caravana
le daba vuelta al edificio. Lo hizo pensando
en el pueblo, y viendo al indigente
que ensucia la estructura con sus cartones y harapos.

El sacerdote se masturba en la capilla, imaginando
a dos monjas lesbianas seduciendo a un caballo.
Lo hacía después de darle la hostia
al papá de Carlitos.

El economista se arranca las células muertas
y el pellejo de sus testículos
encima de las estadísticas de pobreza,
en el Club, en frente del nuevo edificio.

El rector vende la universidad al edificio más alto,
mientras la gente de Pearson® y Cengage Learning®
se toman un whisky con la beca de los estudiantes,
¡Becas para las editoriales!

La señora le vende empanadas y fresco de frutas
a la mamá de Carlitos.
-Qué carajo, se acabaron las galletas-
-Qué carajo, viene los tombos de la muni-

Y el edificio crece, más martillos, más cemento, más clavos,
más obreros, menos salarios, más turistas.
Y los obreros siguen casi volando, allá en las nubes,
esperando terminar la obra más grande jamás construida en el país.

Cuando se terminó de poner la última celosía al edificio,
los turistas abandonaron su picnic urbano y se
escondieron en el sótano de la obra.
El gerente cerró la puerta y nunca más se supo de Carlitos.

Marco Garita Mondragón